10 de abril de 2009

[ Entrega 5 ]






EL ARTE UNA VEZ MÁS: Sin título (2003)

Calder Vasarely Huerta Gutiérrez nace en Ciudad Victoria, Tamaulipas en febrero de 1982. Su desenvolvimiento artístico inicia a temprana edad y obtiene reconocimientos de becas y concursos también desde muy chico.

Su obra formal inicia entre el año 2000 y el 2003, sus primeros semestres de licenciatura. Este período es un parte aguas en su producción, porque es en el que existe un choque entre el conocimiento adquirido previamente, sus años de preparación técnica, y el conocimiento que posteriormente irá acumulando: teorías, conocimiento de otras técnicas y otros artistas, el confrontar sus ideas a la realidad artística actual, etcétera. De este choque cultural, valga, es del que el artista empieza a madurar sus ideas y a proponerlas ya aterrizadas, y empieza a cobrar propia personalidad.

Ha expuesto de manera colectiva en al menos doce ocasiones y un par de manera individual (Fotografía / Gráfica en abril de 2006 y Calvario en 2007).

Sin título (2003) se trata de un mural de aproximadamente 1.8x2.2 metros que fue realizado en un muro del centro de Monterrey, en la esquina de Ruperto Martínez con Dr. Coss y duró tres meses intacto (sin ser rayado). Para este trabajo el artista utiliza acrílico, sobre una pared de block, y su boceto es acrílico sobre tabla-roca . Algo que cabe destacar de este trabajo es su realización sin algún tipo de permiso, a modo también de accionismo, lo cual llevó al artista a realizarlo en el menor tiempo posible. A este problema se le sumó la diferencia de absorción existente entre la tabla-roca del boceto a la pared en que se pintó el mural, que causó que tuviera que utilizar más pintura y ésta se le acabara más rápido; así como problemas logísticos como lo fue la altura del muro.

Para este trabajo el artista prefiere los colores planos, el alto contraste entre lo iluminado y lo que tiene sobra. Los dos colores utilizados son el rojo y el negro. La figura retratada es la de un soldado con su arma en la mano, y es enfatizado por el sitio en el que está (justo dando el frente a la esquina) y por la ausencia de otros elementos.

En el mural, al retratar al soldado el artista trata de denunciar la violencia, la guerra, es muy posiblemente por ello que utilice el color rojo para el fondo de la obra, y deje al negro para delimitar la dureza que representa la figura del soldado. Esto se ve reforzado por la irónica despreocupación –intencional– por dejar el fragmento “ARDE” como parte de su obra, tomado de la frase “La tarde arde” que estaba escrita previamente sobre el muro.

Sin duda alguna el haber visto el mural debió haber sido impactante para el espectador, puesto que por la escala, el espectador podría confundirlo con una persona real, que está parada estoicamente con un arma en mano. Esa es la primera impresión que da la obra, lo que impacta: la figura de un soldado disponiéndose a matar o morir.

Otro aspecto relevante de la obra es el formato que utiliza el autor: el mural. El autor toma el mural como lo hicieron en su tiempo los muralistas (valga la redundancia) y que él toma como una de sus influencias más grandes: Alfaro Sequeiros y Orozco. Ellos utilizaban el mural como una forma de denuncia a enormes voces y como algo educativo. Calder Huerta lo retoma con este mismo fin: educar, gritar a grandes voces lo que está pasando: la guerra, las matanzas, que si bien no se daban en Monterrey en aquella época, al menos sí estaban presentes en otra parte del país y del mundo. También es por ello que la palabra “ARDE” haya sido guardada como un elemento más, como un mensaje “subliminal”: arde: arden las guerras, arde que maten innecesariamente a civiles, arde que gasten millones en armamento y no puedan ayudar a países desfavorecidos económicamente, etcétera. El lado educativo de la obra no radica tanto en la imagen, sino en su mensaje, en lo que es ella misma; es decir, trata de educar a las personas a denunciar lo que se hace mal, no importando que sean los gobiernos. Educa también al exponer “cualquier parte” como medio de expresión y no sólo los lugares políticamente establecidos, o correctos (por ello la obra fue realizada en la calle y no dentro de una institución).


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LA REALIDAD CIRCUNDANTE: Kafka y los perros.

Hace unos cuantos días leí en la página personal de un amigo la siguiente frase, recogida de la historia de la literatura universal: "Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro —Kafka”. Mi primera reacción fue pasar de largo sin atender mucho al sentido. Mi segunda e inmediata reacción fue releerlo: "Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro".

La verdad no entendí el aforismo al momento (e inclusive me pregunté porqué, y cómo podría ser cierto), y hasta hoy di con la respuesta. Me la proporcionó mi perro.

Y es que es verdad, todos nuestros problemas ontológicos e incluso los metafísicos, tratamos de explicarnos con base en nosotros mismo, con base en la autocontemplación. Craso error. El perro es la medida de nuestro conocimiento en tanto que éste ha aprendido de nosotros todo lo esencial (y hasta lo superfluo) de la vida. Es, si se quiere, nuestro reflejo, nuestra explicación en palabras sencillas, nuestra proyección.

Por medio de los perros se puede conocer bien al amo: nuestras tendencias psicológicas y conductuales, nuestro grado de civilización y de coerción social, nuestras inclinaciones políticas y económicas, nuestra evidente necesidad religiosa, y hasta nuestra incesante, necia y arrogante búsqueda de La Verdad.







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PALABRAS ERRANTES.

Y si después de tantas palabras… (César Vallejo).

¡Y si después de tántas palabras,

no sobrevive la palabra!

¡Si después de las alas de los pájaros,

no sobrevive el pájaro parado!

¡Más valdría, en verdad,

que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!

¡Levantarse del cielo hacia la tierra

por sus propios desastres

y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!

¡Más valdría, francamente,

que se lo coman todo y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,

no ya de eternidad,

sino de esas cosas sencillas, como estar

en la casa o ponerse a cavilar!

¡Y si luego encontramos,

de buenas a primeras, que vivimos,

a juzgar por la altura de los astros,

por el peine y las manchas del pañuelo!

¡Más valdría, en verdad,

que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos

en uno de los ojos mucha pena

y también en el otro, mucha pena

y en los dos, cuando miran, mucha pena...

Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!

*

*

*

Romance Sonámbulo (Federico García Lorca).

A Gloria Giner

y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas le están mirando

y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha,

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

*

Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los montes de Cabra.

Si yo pudiera, mocito,

ese trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

con las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas,

dejadme subir, dejadme,

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal,

herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,

verde viento, verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento, dejaba

en la boca un raro gusto

de hiel, de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está mi niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche su puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos,

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

*

*

*

Urnas, moscas y cigarras (Sergio Mondragón).

Heme aquí de nuevo metido entre palabras

las voces del bosque relumbran eléctricas y etéreas

el galope del poema se oye ya, ya se oye venir

el olor del incienso juega con el idioma

con este idioma de moscas solares

juega con esta vara, con mi rubor de ser extraño a este medio

¿cuál medio? dijeron las cigarras

detrás de un brillo

el medio original, el eje de la rueda, el canasto rebosado de legumbres

y tú, poema ¿qué cara tienes? es tu cara la del temblor de mis manos

es tu cara la cara de la luna o es el charco del amanecer

entre dioses apócrifos y prostitutas de piedra

y sesiones de humo y vasos de rocío

¿cuál es?

y yo, que no soy el poema ni el caballo ni la ribera

yo que sólo soy una figura, uno más en la lista interminable

yo que orino hacia el cielo

oh, yo soy este pedazo de hierro que espera la resurrección

ja, ja, dijeron las cigarras con los cuernos encendidos

¿por qué esperar? gritaron las estatuas

y un perro de maleza ladró y otro miró hacia el norte y huyó

esperar es estar y vosotros estáis caminando en el centro del paraíso, clamaron los astros

oh qué voces oh qué estruendo de bestias

oh estante de huesos, tú no puedes firmar lo ya ritmado

tú apenas puedes inclinarte hacia el agua

tú eres como yo, desolación y campo de las urnas

¿cúales urnas? volvieron a gritar las cigarras

sosteniéndose el ala, haciéndose pantalla con las manos

cuáles urnas pues las urnas que nos guarden

las urnas rellenas de oro y las urnas en blanco y negro

las ajedrezadas, las de arlequín, las urnas en las que bebemos el agua de la vida,

el agua que se desliza de prisa y cuando la buscas

ya se ha ido

sudan mis manos y las palabras se agrupan y echan a volar

había dejado la ventana abierta y con esto de las urnas y las estatuas

el poema también echó a volar

ya está volando, ya quedó fuera de mí, ya yo no soy el mismo

ya nadie es lo mismo

ya el idioma se precipitó de cabeza en el abismo de las moscas

5 comentarios:

  1. Creo que si Kafka lo hubiera pensado un poco más, o sido herido por una mujer, hubiera dicho que el conocimiento se encuentra en el gato: llevo rato queriendote escribir algo y Max no deja que termine.

    Saludos

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  2. mira nomás. no sabía que ya estabas publicando en este también. :) que bueno que estes activo...

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  3. juro que pronto te mando la reseña-ensayo-crítica, o lo que acabe siendo. ya sabes, las ocupaciones. a eso sumale que nunca he escrito algo así.

    salud.

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  4. mi chava me hizo ver que el muralismo mexicano no fue un movimiento reaccionario, si no parte del proyecto de nación que surgió cuando se calmaron las cosas después de la revolución. o algo así. y pues bueno, diego rivera es clarísimo el hecho de que exalta "lo mexicano", el nuevo concepto que sea creo de "lo mexicano". aunque, anoche estaba leyendo una entrevista de monsivais a una bailarina de los teatros de los años 20 y 30, en méxico. hablaba de agustín lara. y de una ocasión en la que siqueiros fue a ver a lara, y le dedico una canción, creo que farolito, o algo así. después siqueiros dijo que esa canción lara la dedicó en apoyo a una huelga de mineros. cosa que la doña niega rotundamente. lara era apolítico. siqueiros no.

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  5. ese, estoy igual que usted.
    me da mucha pena.
    un día.
    ya conoce usted esto, final de semestre.
    usted dispense.

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